¿Debemos castigar a nuestros hijos? Pautas para saber cómo y cuándo

Hoy en día muchos padres se preguntan si deben castigar a sus hijos y cómo deben hacerlo para que el castigo sea educativo. Es normal que en el momento surjan muchas dudas, ya que, por un lado, queremos que los pequeños aprendan pero por otro no queremos que sufran. Y, aunque la respuesta a si debemos castigar a nuestros hijos sea un SÍ, es un sí con matices. No se puede castigar de cualquier manera, puesto que corremos el riesgo de empeorar la conducta y agravar el problema si no lo hacemos bien.

El castigo debe entenderse como una consecuencia a una acción determinada que no queremos que se repita. Nunca como una forma de hacer sentir mal al niño (no queremos dañar su autoestima, lo que queremos es que aprenda). Con esto nuestros hijos aprenden que cuando hacen A (no recoger sus juguetes) tienen una consecuencia B que no desean (no les dejaremos ver la tv/bajar al parque/etc. hasta que los recojan).

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PAUTAS PARA UN CASTIGO EFICAZ (QUE DERIVE EN UN APRENDIZAJE)

  1. Debemos cumplirlos SIEMPRE: Una conducta  SIEMPRE debe ir seguida de su consecuencia (Pablo debe aprender que si se pone a jugar sin haber terminado sus deberes, siempre se va a quedar sin jugar a la consola esa tarde). Si no cumplimos siempre con la consecuencia, el niño aprenderá que a veces esa conducta no será castigada y la seguirá haciendo por si esta es una de esas veces en las que no se le castiga. Es decir, el castigo no será eficaz. Por ello, es preferible un castigo sencillo que nosotros seamos capaces de cumplir cada vez (si no te comes la comida te quedas sin postre) y no uno excesivo que, por pena, nos haga hacer la vista gorda de vez en cuando (si hoy no te comes la comida te quedas sin postre todo el mes). A veces estamos cansados y apetece más ignorar la mala conducta que ponernos duros, pero esto a la larga es mucho peor. Por ello, cuidado con este punto.
  2. Si se puede, el castigo debe ser inmediato: no dejarlo para otro momento porque no lo relacionarían con la acción (si le decimos a nuestro hijo adolescente que está castigado el fin de semana sin salir, debemos hacerlo efectivo el fin de semana más próximo y no dejarle que salga este y castigarlo el siguiente). Este punto es especialmente importante con los niños más pequeños, que olvidan rápido. Cuando el niño esté castigado, debemos asegurarnos de que recuerda por que lo está.
  3. Castigos cortos pero intensos: Es igual de eficaz un castigo corto y es mucho menos dañino para el niño (si lo castigamos a estar sentado en “la silla de pensar”, bastará con que esté 1 minuto por año de edad hasta los 7 años, pasada esta edad lo dejaríamos más tiempo). Será igual de eficaz que si lo mandamos 1 hora castigado. Lo importante es que sea un castigo que tenga sentido para él. Cada niño es diferente y lo que puede ser un castigo para uno puede no serlo para otro.
  4. Renunciar al castigo físico (o humillante): Todos hemos oído frases como “una bofetada a tiempo…”, “yo crecí con zurras y no tengo ningún trauma”, “te quitaba yo toda la tontería de un golpe”, etc. Hay que decir NO al castigo físico. No olvidemos que nosotros somos modelos de aprendizaje para nuestros hijos y cuando utilizamos el castigo físico con ellos, lo que estamos haciendo es enseñarles que en determinadas ocasiones es lícito pegar a alguien. Por su bien además. Por otra parte, si preguntamos a cualquier adulto que haya recurrido en alguna ocasión a este tipo de castigo si cuando lo hizo fue de manera calmada y con la intención de enseñar, con toda seguridad nos responderá que no, y que simplemente lo hizo como desahogo porque él mismo no era capaz de controlar la situación.
  5. Debemos ser pacientes: los niños no hacen estas cosas para fastidiar o molestarnos. Están probando cuáles son sus límites y nosotros debemos enseñárselos. Algunos límites nos costará más que los aprendan que otros, pero si les enseñamos de forma eficaz y con paciencia los aprenderán rápido y podremos disfrutar de infinidad de buenos momentos con ellos.
  6.  Que siempre haya comunicación: con calma debemos explicarles siempre por qué les castigamos y cuál hubiera sido la conducta correcta. Así la próxima vez sabrán bien qué deben hacer.
  7. Castigos relacionados: para facilitar el aprendizaje es preferible castigar sin postre a un niño que no ha comido la verdura (ambos tienen que ver con la comida y es fácil que entienda que si no se alimenta bien no tiene el premio que es el postre), o castigarlo sin ver la tele por no recoger sus juguetes (ambos tienen que ver con conductas). En cambio, si el castigo por no hacer sus deberes es no comer helado, la consecuencia no guarda relación con la conducta y es más difícil su comprensión por parte del niño.
  8. Y por último, pero tremendamente importante, combinar SIEMPRE los castigos con refuerzos: no debemos centrarnos en lo que nuestro hijo hace mal sino que debemos estar igual de atentos con cada buena conducta que haga, para reforzarlo con elogios, aplausos, sonrisas, ánimos cuando esté intentando hacer algo, etc. Premiar la buena conducta es MUCHO MÁS EFICAZ que castigar la mala. Reforzar a nuestros hijos cuando hacen lo que deseamos que hagan tiene mucho más poder que castigarlos cuando hacen lo que no deseamos.

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